Masajes y algo más


El húngaro, aquel que había salido de la post-guerra de Europa, había recorrido muchos lugares.

Se había acunado en distintos mares en su embarcación y trabajado duro como inmigrante.

Su inicio en el sexo opuesto había sido muy temprano.

Una mujer latina, joven y voluptuosa le había enseñado el arte de la conquista, mientras en él nacía las ganas de bailar salsa.

Y si bien el hombre había caminado mucho sobre distintas tierras, aún le quedaban muchas cosas para sorprenderse.

La mujer diría de él que era un continuo conquistador.

Llego a su casa, al anochecer de un día, portando en sus manos, el regalo de un vino tannat para compartir.

El color del contenido de la botella era del mismo tono del labial de la latina que lo esperaba.

Su cuerpo tenia la misma marca del rey de los Hunos, Atila, pero el húngaro conquistaba corazones y no lugares.

Donde caminaba crecían las flores, y seguía creciendo el pasto…pero si, era un caminante, un conquistador, como aquel que había llegado a las puertas de Roma, tantísiimo tiempo atrás.

El pensaba que seria un masaje, quizas con mucha suerte las manos de ella serian cariñosas con su sexo…nada más…

Sin embargo , cuando llego al umbral, sonriente, la mujer tuvo una sensacion de haberle conocido antes, y que ese encuentro primario desafiaba las leyes de la logica.

Le tomo de la mano, le sonrio, y le dijo, esta soy yo, mientras fijo su mirada en la de el.

Le llevo despacio el añejo patio, como si furea su girl friend, y entonces el creyo que habia subido a una maquina donde se viajaba en el tiempo.

Le invito a ducharse, y enjabono su espalda. Seco el cuerpo del varón, mientras le sonreía.

Penso el varon…she is a nice woman, se habia acostumbrado en pensar en ingles…vaya a saber por que, quizas de tanto viajar.

Fueron cortos los masajes sobre la blanca sabana en la penumbra de la habitacion.

Se trasladaron al mundo del  nunca jamas, donde era esperado con la sorpresa de las caricias al cuerpo, a la mente y al espiritu.

Solo palabras suaves y besos armoniosos, mientras as velas se consumian y la musica impregnaba de sensaciones los oidos.

En un momento fue el quien le hizo masajes, devolviendo las gentilezas.

Y primero ella, luego el, fueron explotando de placer en la pequeña muerte.

La mujer le hablo de Capri, y de unos buenos spaguettis sobre el Mediterraneo.

Saciado el hambre de sexo, el hungaro deseo esa comida y le pregunto…tienes hambre?

Por supuesto, tengo y mucha

Y juntos fueron a comer comida italiana,tomados del brazo como viejos amigos.

La noche aporto la luna y la suave brisa.

El restaurante sobresalia con sus sombrillas y sus pequeñas mesas de manteles blancos y rojos, y sus pequeñas lamparas que apenas iluminaban los rostros sonrientes.
En el mismo lugar, cenaban Galeano con una pareja mexicana. Se unieron a la conversación en esas mesas de distintas naciones.
Que delicia cenar con una amable charla de por medio y justamente con un escritor de su talla.

Ninguno de los dos calculo que terminaria asi la noche, 

Se volverian a ver?

El húngaro le dijo…siento que aun no se ha cerrado nuestro encuentro en la vida…no todavía….

La latina le sonrio, perfecta era la noche, y perfecto era el encuentro.

Y solo pensó mientras el se lo decia…

Chi sara….sara…

Noches magicas …

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