Rojo y negro como Stendhal


¿Qué hace que un hombre desee volver a ver a una mujer?
¿Qué busca una mujer que ya probó la miel del instinto?

El varón es un depredador por naturaleza. Necesita cazar su presa, saciarse, y partir, hasta encontrar otra que vuelva a despertarle adrenalina.

Pero la hembra, creo que tiene un mayor sentimiento de monogamia, porque su líbido también funciona en el cuidado de la cría.

Sin embargo sucede a veces, que hay una química mayor, y vuelve a buscarla y la mujer lo recibe sintiéndolo un buen padrillo, protector, fuerte.

Quizás suceda cuando ella puede desdoblarse en más de una presa, en el mismo cuerpo. Para saciarse con ella, pero también para sentirse el rey de la manada.

Un hombre siempre es un hombre, sin necesidad de cambiar sus prendas.

La mujer es otra historia.

Un día queremos ser la come hombres, pero también la escucha oídos. Y tanto bailar  la danza del vientre, como arrullarlo  como si fuera un bebe.

Por ejemplo hoy, tenía sin estrenar un body rojo con lentejuelas debajo de la pollera ajustada, los tacos altos y las medias de red negras que eran sostenidas por un portaliga roja, sobre la  tanga colorada, Negro y Rojo, como los colores de Stendhal.

Y cuando él empezó a besarme, aunque vestida, me fue venciendo todas las resistencias.

Su lengua caliente en mis orejas, el estremecimiento de los pequeños mordiscos en el cuello, me hacian parar los pelos

La nivea colcha, recibió los cuerpos calientes que se abrazaban, e investigaban con manos y boca todos los rincones de los amantes.

El besaba mis pies, los disfrutaba cual fetiche y los quejidos de placer se hicieron más elevados.

De a poco fue sacando cada prenda, desde la falda, hasta el body brilloso, dejándome para el coito, el pequeño pañuelo que sostenía mi cuello, y las medias negras.

Se movía fuerte, recorriendo el sommier, pero con mucha ternura. Mi mente se acallo, y el corazón emitía latidos fuertes, respiraciones profundas, mientras mis dilatadas pupilas, me hacían entrecerrar los parpados. Pequeñas palabras, quejidos suaves, la espalda de él moviéndose fuerte, como tomando de un trago un elixir maravilloso.

Mis manos se crispaban sobre la colcha, deseando que no terminara más el encuentro. Pero los dos orgasmos robados hacían claudicar mis fuerzas.

Solo queria reir de gozo, entrega total.

Cuando al fin el cuerpo desnudo en la penumbra, el descargo toda su fuerza, me dio un respiro.

La higiene de rigor, y vuelto el pudor, me envolví en una bata, mientras él estaba sereno fumando su cigarrillo.

Me cobijo en su brazo, y me pregunta

¿Te falta algo?

Nada, todo lo que quiero lo tengo, le conteste, aún cansada y feliz.

El se sentia feliz y satisfecho, el coito había terminado.

Quieres un sandwiche – le pregunte – .

Sí quiero – sabiendo que la hembra que tenia al lado sabia que luego de la lucha del sexo, aparecia el hambre -.

Pan con cereales, jamón ahumado, queso, era suficiente.

Mientras se iba, le acerque unos bombones para el camino de vuelta.

Cuando él se retiro, semi vestida me acosté  en el lugar donde él había apoyado su cuerpo potente.

Me siento protegida por ese hombre, pense.. Y no olvidé lo que me dijo mientras me abrazaba….estoy, y siempre estaré.
Mi cuerpo ya no era mio, era de él.
El body rojo con lentejuelas y las medias negras que estrene para él, quedaron en el sillón, para recordar mañana la noche que viví hoy….
Su calor dentro de mi, aún estaba latente…aunque él ya había partido.

Buen fin de fiesta.

Disfruta mientras puedas.

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